Comunicación con Dios


En ésta reflexión, se estudia cómo es que se da la comunicación entre nosotros y Dios, los pasos que acontecen durante el proceso de inicio a fin.

Comunicación con Dios

Comunicación con Dios

Figura 1. Comunicación.

El proceso de comunicación está representado en el dibujo de la figura 1. A continuación se describen los pasos:

  1. Oración: En este paso, nosotros, los humanos, hablamos con Dios, le hacemos preguntas, le manifestamos nuestro agradecimiento, intercedemos por otros, o le pedimos que seamos intercedidos, lo alabamos, o le pedimos perdón, le hacemos saber nuestros sentimientos y emociones, descargamos nuestros pesares y nuestras penas, buscamos su consuelo o le pedimos sabiduría, nos arrepentimos y humillamos, acudimos a su ayuda y misericordia, pedimos salud u ofrecemos ofrendas, o por cualquier otra razón que pudiera no estar mencionada aquí. Este paso es opcional, ya que no es absolutamente necesario que nosotros iniciemos la comunicación. Nosotros estamos representados por la carita feliz, y nos dirigimos a Dios hacia arriba como lo indica la primer flecha del dibujo.

  2. Respuesta, mandato: Dios nos responde de alguna forma, ya sea cuando leemos un pasaje de la biblia, escuchamos una prédica, o dialogando con un hermano o hermana, ayudando a alguien a superar un problema, leyendo alguna reflexión que llegó a nuestras manos, escuchando una clase, asistiendo a un devocional, teniendo alguna experiencia, cantando, reflexionando, escribiendo alguna reflexión, disciplinando a nuestros hijos, hablando con nuestros padres, meditando la palabra, leyendo algún artículo en internet o cualquier otra forma que no se mencione aquí, pero que de forma evidente y sin lugar a dudas podemos decir que es una respuesta por parte de Dios. Este paso está representado por la flecha hacia abajo con el número 2 en el dibujo. Cabe decir que Dios siempre se comunicará con nosotros, él siempre nos responderá, de alguna u otra forma, pero también tenemos un rol, que es el estar atentos a escucharlo, aún cuando su respuesta pueda no ser lo que nosotros queríamos escuchar. También, este paso se puede dar sin que nosotros iniciemos forzosamente la comunicación. Otra cosa a considerar, es que la respuesta de Dios puede ser “No” también.

  3. Acción: En este paso, que está representado por la flecha con el número 3 en el dibujo, nosotros respondemos a la solicitud de Dios, o a su mandato, con 2 posibilidades:

    1. Obediencia. Hacemos lo que Dios nos dijo que hiciéramos.

    2. Desobediencia. Por alguna razón, no hacemos lo que Dios nos dijo que hiciéramos.

  4. Consecuencias: Las consecuencias surgen, en el paso representado por la flecha hacia abajo con el número 4 en el dibujo, dependiendo del curso que hayamos tomado en el paso 3. Es decir, sea que hayamos obedecido o desobedecido, habrá consecuencias: buenas cuando hayamos obedecido, malas cuando no hayamos obedecido. También cabe mencionar aquí que la omisión es una acción también. El omitir o ignorar lo que Dios nos pide, se considera desobediencia también. Puede ser que de antemano sepamos las consecuencias que tendremos dependiendo del curso de nuestras acciones, puede ser que no, lo que sí se sabe por seguro es que obedecer a Dios trae recompensa, mientras que desobedecerlo trae el perderse las recompensas, y / o la aplicación de castigos.

Dios, lo que él piensa, lo que opina, lo que espera de nosotros, lo que quiere que hagamos, cómo quiere que nos comportemos, sus hazañas, su gloria, su naturaleza, la compasión que nos demuestra, su amor infinito, la forma en cómo se ha comunicado con nosotros los humanos, sus leyes y sus estatutos, y muchas cosas más, están contenidas en la biblia, aún cuando él es infinito en todo, la biblia contiene lo mínimo que necesitamos saber de él.

Si uno quiere conocer a Dios, y saber lo más posible de él, uno tiene qué escucharlo. Y una forma de hacerlo, es leyendo la biblia. Es precisamente en la biblia en donde también podemos aprender sus enseñanzas. Una de las enseñanzas que podemos encontrar en la biblia, es ver que Dios es un Dios justo, que recompensa la obediencia, pero que castiga la desobediencia también.

Exploración de Canaán, caso de desobediencia

A continuación se describe una historia contenida en la biblia, con la cuál se ilustra el proceso de comunicación entre nosotros y Dios. En éste caso ilustrado, lo que se muestra es lo que pasa cuando hay desobediencia.

Contexto

La biblia narra, en el antiguo testamento [1], cómo y por qué el pueblo de Israel pasó 40 años en el desierto antes de llegar a la tierra prometida, Canaán. Canaán fue prometida como la tierra que pertenecería al pueblo de Dios y a la descendencia de Jacob por primera vez como una promesa [2]. Mucho tiempo después, cuando los egipcios sometían a los israelitas, Dios decide utilizar a Moisés para librar a su pueblo del yugo Egipcio y llevarlos a Canaán [3,4]. Dios comenzó preocupándose por su pueblo y la aflicción que vivía [4,5]. Así que Dios se compromete con su pueblo y dicta las reglas de la relación entre él y su pueblo [6,7].

Una y otra vez enfatiza y les da a saber al pueblo de Israel cuál será su destino tanto para obediencia como para desobediencia [8, 9]. Por medio de Moisés les dio una ley que les daba el discernimiento entre el bien y el mal [10]. Dos años habían pasado desde que salieron de Egipto, fecha que celebraban cada año [11] y había llegado el momento de hacer los preparativos para empezar a tomar parte de la promesa de Dios, es decir, refiriéndose a la tierra prometida [12]

Proceso de comunicación

Aquí se muestra un proceso de comunicación basado en el diagrama de la figura 1.

  1. Oración. Para éste caso particular, no hubo una llamada por parte de nosotros primero, sino que Dios fue el que comenzó dando un mandato.

  2. Respuesta, mandato. Todo comienza con un mandato de Dios, que le dijo a Moisés [13]: “Quiero que envíes a algunos de tus hombres a explorar la tierra que estoy por entregar a los israelitas. De cada tribu enviarás a un líder que la represente.”. Aquí identificamos claramente el mandato de Dios, con instrucciones precisas y sin que se presten a confusión. Es el tiempo de preparación para la batalla y conquista del territorio cananeo. Identifiquemos que la “respuesta” o mandato se refiere al hecho de la entrega de la tierra prometida.

  3. Acción. Debido a los rumores y falsos informes de la mayoría de los exploradores (excepto Caleb y Josué, quienes siempre tuvieron confianza en Dios [14]), el pueblo de Israel se rebeló contra Dios y blasfemaron y maldijeron en contra de él, inclusive hablaban de regresar a su antigua condición de esclavos en Egipto [15]

  4. Consecuencias. Inmediatamente después de eso, y de despreciar a Dios y a sus promesas, Dios toma cartas en el asunto y anuncia un castigo de desobediencia, que consistía en eliminar al pueblo de Israel [16]. Sin embargo, Moisés intercede por el pueblo y Dios hace que el castigo a Israel no sea tan severo [17], aún así, el pueblo de Israel sufrió en éste caso las consecuencias negativas de sus acciones de desobediencia, 40 años en el desierto.

La conquista de Jericó, caso de obediencia

Contexto

Después de muchos años, después de la muerte de Moisés y de Aarón, toma el cargo de liderazgo Josué, por instrucciones de Dios [18] y todo el pueblo de Israel bajo sus órdenes cruzan el río Jordán. Estaban en la llanura de Jericó celebrando la Pascua [19], cuando Dios se comunica con ellos para informarles qué tienen qué hacer y cómo obtendrán la victoria sobre Jericó.

Jericó será un pueblo derrotado por el hecho de tener la ventaja de que Dios está con los Israelitas, y no como una acción de la cuál los israelitas puedan tomar el mérito, sino por obra de Dios y para gloria suya. Justo antes de éste momento, el pueblo israelita comienza a comer los frutos de la tierra y el maná deja de ser provisto.

Les dice que ha entregado al pueblo de Jericó en sus manos y les da instrucciones precisas: Le pide al pueblo que marche una vez por día alrededor de Jericó durante 6 días y 7 veces el séptimo día entre otras cosas [20]. Josué le comunica las instrucciones precisas al pueblo y ellos ponen manos a la obra tan pronto Josué termina de hablar.

Proceso de comunicación

Nuevamente podemos observar aquí cómo se lleva a cabo el proceso de comunicación planteado.

  1. Oración. En éste caso en particular, es decir, tomando en cuenta tan sólo el hecho de la conquista de Jericó, no hay un punto de partida que diga claramente por ejemplo: “Dios, ayúdanos a vencer a Jericó”, por lo que no se podría considerar que aquí se inicia con una oración como tal.

  2. Respuesta, mandato. Dios le dice a Josué cómo deben de vencer a los habitantes de Jericó. Les dice que tienen que marchar alrededor de Jericó, tocando trompetas hechas de cuerno de carnero y que el séptimo día marcharán 7 veces en lugar de una sola [20].

  3. Acción. Todos responden con obediencia a las órdenes de Dios, empezando por Josué y siguiendo con el pueblo. Todos se ponen en marcha y obedecen al pie de la letra todo lo que Dios mandó. No hubo descrito ningún momento de duda ni cuestionamientos a pesar del tipo de mandato que Dios dio [21].

  4. Consecuencias. Inmediatamente después de hacer todo lo que Dios les mandó, se comienza a cumplir la promesa de Dios. Las murallas de Jericó se ven derribadas después de un acto de obediencia a Dios. No hubo ningún tipo de incredulidad en ningún momento y tanto las expectativas de Dios como las de los Israelitas se cumplen sin dar cabida a ningún tipo de mal interpretación. Notemos sin embargo que, hablando en un contexto general, es Dios quien provee la victoria. Los israelitas fueron instrumentos en manos de Dios, cumpliendo su voluntad. Literalmente se podría decir: “Los israelitas vencieron a Jericó”, pero en un contexto general, el autor intelectual (y espiritual) de esa obra fue Dios [22].

Conclusión

Me asombra la compasión de Dios y cómo se apiada aún cuando el castigo merecido sea mucho mayor de lo que recibimos. Me impresiona la manifestación de su compasión ante la intercesión de Moisés en el caso de la promesa de la tierra prometida. También, pienso que las consecuencias son cosa seria, en el caso de la desobediencia, pasaron 40 años en el desierto, cuando pudieron haber pasado sólo 2 años (Sin contar el tiempo de conquista de la tierra prometida y todas sus posteriores acciones de desobediencia.).

Pienso que Dios nos da siempre la oportunidad de “aprender en cabeza ajena”, pues es la historia la que nos demuestra que si bien Dios es un Dios de amor, misericordia, compasión, perdón, etc., también es un Dios de justicia y disciplina. Es decir, para los que somos padres quizás es fácil identificar, que no puede dejar de existir el amor cuando se aplica disciplina y justicia, y que a pesar del dolor del castigo, es ahí que se manifiesta el amor verdadero. No hay amor sin disciplina, pues el fin último de la disciplina y el castigo es el forjar el camino que define el discernimiento entre el bien y el mal, hasta el punto en el cuál nosotros mismos enseñemos y compartamos ese conocimiento. Como padres el reto más grande al cuál nos enfrentamos es el disciplinar a nuestros hijos con justicia, pero sin falta de amor, con firmeza, pero sin que falte la compasión, con determinación y sin vacilación, pero sin que falte paciencia y perdón.

Eso es lo que me hace pensar Dios, él es justo y desde el principio se ha preocupado porque nosotros sepamos las condiciones de nuestra relación con él [23]. Él nos da a elegir entre la vida y la muerte [24], pero él no busca nuestra condenación, sino nuestra salvación [25]. Ser padre requiere mucha valentía, coraje, determinación, amor, tolerancia al sufrimiento, sacrificio, anticipación, oración, paciencia, perdón, humillación, etc. Eso lo digo como humanos imperfectos que somos, aquí viene lo fascinante: Dios es nuestro padre, padre de todos, y él que es perfecto.

Por otro lado también sé que Dios quiere que nos demos cuenta de que lo que él nos dice y manda, rompe en muchos sentidos con lo que para nosotros es lógico, verdadero, sensato y de sentido común (pero el sentido “común” no es lo mismo que el “sentido de Dios”). Muchas veces yo quiero “entender” a Dios, y le oro: “Dios, ayúdame a comprender tu voluntad, revélame tus secretos, yo sé que tú puedes enseñarme y yo puedo entenderte”. Qué equivocado estoy. Si ni siquiera me puedo imaginar y comprender por ejemplo cómo fue que los israelitas derrotaron a Jericó, si ni siquiera encuentro una respuesta “lógica” y “científica”, que me explique con lujo de detalles cómo es que exactamente ocurrió y la relación que existe entre marchar alrededor de una cuidad y que sus murallas se derrumben.

Qué osadía la mía pedirle a Dios que me explique las cosas más complejas, cuando ni siquiera “escucho” y comprendo las más sencillas y que están al alcance de mis manos. Es decir, claramente la enseñanza de Dios es: “No esperes a comprender las cosas para hacerlas, más bien confía en mí.”. Evidentemente no necesitamos comprender lo que Dios nos está mandando, no necesitamos tener una explicación que nos justifique el por qué de lo que Dios nos manda. Él nos está enseñando que lo que necesitamos es confianza en él, en que él hará las cosas, en que él no está limitado a la “lógica”.

Aún después de habernos portado mal y después de haber desobedecido, Dios es piadoso y nos da una oportunidad de arrepentirnos. Si nos arrepentimos, él quitará lo pagano de nuestro corazón y si lo obedecemos y continuamos de esa forma, él nuevamente nos colmará de bendiciones [26].

Él claramente nos da a conocer sus intenciones y su naturaleza. Sus intenciones desde el principio fue el darnos el regalo del libre albedrío, lo cuál conlleva a tener la responsabilidad de saber y conocer que las decisiones y el discernimiento que tengamos determinan y trazan el camino que nos puede llevar a una meta celestial o infernal. Esto me hace recordar una escena de una película famosa, en la cuál una persona le dice a la otra [27]:

Persona 1: “Estoy tratando de liberar tu mente Neo. Pero yo sólo te puedo mostrar la puerta. Tú eres quien tiene que caminar por ella.”

Dios no sólo nos muestra la puerta, no sólo nos muestra la diferencia entre el bien y el mal, no sólo castiga el mal y recompensa el bien. Él no quiere condenar a nadie, el busca la salvación de todos [25]. Él nos muestra la diferencia entre el bien y el mal, y a pesar que nos da libre albedrío, el nos ordena obedecerlo. Obedecerlo no es una obligación, pues somos libres, pero no por eso deja de ser un mandato por parte suya. Qué gran misericordia de Dios. Para mí es como si fuera alguien que te dijera: “Tengo el tesoro más valioso del mundo.” y junto con eso te dijera: “Aquí está el mapa.”.

Qué contrario a la forma en cómo es el mundo, en donde pueden haber personas con tesoros, y que para empezar, no quieren que nadie sepa que tienen un tesoro. Y si acaso se llegan a enterar, no te darán pista alguna para llegar a él, más bien te darán “falsos mapas” y falsas referencias que te confundirán más. Hasta el punto en que en un momento de tu vida te encuentras corriendo y cuando alguien te pregunta a dónde vas, no sabes qué contestar. Si no estás familiarizado con lo que te digo, piensa en ésto: ¿Quién te dijo qué tenías que estudiar para tener “éxito” en la vida?, ¿Cómo decidiste qué estudiar? ¿O a qué dedicarte?, ¿Quién te dijo que comprar una casa es lo que tenías qué hacer? ¿Sabes realmente de dónde vienes? ¿Y a dónde vas? ¿O después de ésto te sientes como un pez entre peces que son llevados por una corriente que no sabes en dónde se generó, ni cuándo, ni por qué, ni en dónde terminará? No es así cuando escuchas la voz de Dios y llevas a cabo lo que te dice que hagas.

A diferencia de la escena de la película, Dios se presenta ante nosotros y nos dice (no en sentido literal, sino en comparación con la película):

“La pastilla azul es el bien. La pastilla roja es el mal. Te ordeno que te tomes la pastilla azul y te colmaré de bendiciones. La azul lleva a la vida, la roja a la muerte. La azul está al alcance de tus manos.” [24]

Si yo quisiera que la gloria sea para mí, las cosas que yo hiciera estarán limitadas al “máximo de mis capacidades”. En cambio, si yo hago las cosas que Dios me manda hacer, con los dones que son de Dios y que puso a mi administración, la gloria será siempre de Dios, y no hay límite en las capacidades de Dios.

Si las cosas que Dios me pide que haga, las hago con los talentos que Dios me dio, no puedo negar de ninguna manera que las cosas que hago son para gloria de Dios, pues al final de cuentas, él me pidió que las hiciera.

Si me enfoco en decir que todo lo “bueno” que hago es para y por la gloria de Dios, entonces no hay límite que obre en mí. Pues si Dios obra en y a través de mí, cada vez que obedezco lo que hace, lo único que podría limitarme sería mi pensamiento y mi propio orgullo, las voces que en mi interior dicen que “soy el mejor”, que soy “muy inteligente”, que “soy bueno”, o que lo que dice Dios “no es lógico”. Son voces que debemos de callar.

Dios no tiene límites, y la gloria le pertenece a él. Todo lo “bueno” que yo pueda hacer, en obediencia de sus mandatos, es por la gloria de Dios. La gloria le pertenece, no soy dueño de nada y soy administrador de todo lo que tengo, aún del libre albedrío y el discernimiento que Dios ha puesto en mis manos.

En conclusión, para tener recompensas de Dios, por gracia suya, no necesitamos comprender lo que nos ordena, lo que necesitamos es:

  1. Confianza

  2. Obediencia

Referencias

  1. Números 13 y Números 14.

  2. Génesis 46:3-4

  3. Éxodo 3:9-10.

  4. Éxodo 6:2

  5. Éxodo 2:23

  6. Éxodo 19:4-6

  7. Éxodo 20

  8. Éxodo 23:20-33

  9. Éxodo 24

  10. Levítico 26

  11. Números 9:1-5

  12. Números 13

  13. Números 13:2

  14. Números 13:25-33

  15. Números 14:1-4

  16. Números 14:11-12

  17. Números 14:13-36

  18. Josué 1:1

  19. Josué 5:10

  20. Josué 6:3-5

  21. Josué 6:6-19

  22. Josué 6:20-27

  23. Romanos 2:12; 2:13

  24. Deuteronomio 30:11-20

  25. 2 de Pedro:9

  26. Deuteronomio 30:6

  27. Matrix, cuando Neo conoce a Morpheus

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